Luigi Di Liegro vivió de forma directa los problemas de la emigración.
Su propio padre había tenido infructuosos intentos de emigrar a los Estados Unidos.
Alejarse de la familia y morir de hambre o enfermo, eran dos de las consecuencias más directas por querer irse del país, y él las había visto en su gente más cercana.
En su afán de ayudar a los desvalidos de cualquier tipo, condición y creencia, Luigi decide convertirse en sacerdote.
Con la salud muy debilitada y a la espera de que la policía desaloje a los ilegales que ocupan el edificio de la Pantanella, el "Hombre de la Caridad" recuerda su trabajo en las minas de Bélgica, junto a los inmigrantes italianos, su labor al frente de Cáritas, la creación de albergues para gente sin hogar, la ayuda a los primeros enfermos de sida, y su lucha por la integración racial y religiosa.

