Había una vez, una jovencita llamada Melany.
Vivía cerca de aquí y, realmente, no podemos decir que fuera una joven hermosa, ni remotamente hermosa: era fea, muy fea.
Pero la pobre Melany era buena, muy buena, la más buena de todo el barrio.
Así su mayor virtud era su maldición: como era demasiado buena todos sea aprovechaban de ella.
Su jefe, el tiránico y perezoso dueño de la estación de servicio y bar la trata como una esclava y, para colmo, está muy orgulloso de eso.
Su madre, una egoísta hipocondríaca trata a su hija como si fuera su mucama y piensa que es normal.
Aurora, Jessica y Blandine, las mejores amigas de Melany.
La conocen desde la infancia y viven gastándole bromas.
Su arma favorita es la humillación.
Son las chicas más bonitas del barrio pero, definitivamente, las más malvadas.
Un día, sus mejores amigas van demasiado lejos y Melany decide que ¡Ya es suficiente!, la llamaron fea...
¡Ahora va a portarse feo!.
Sólo tiene que darse cuenta de que...
ser mala es muy duro cuando se nació tan buena.

